Les podrá parecer mentira. Pero este gurrumín de tan sólo 1 año y 10 meses me acaba de dar una lección. Me hizo recordar, sin saberlo, que no hay que rendirse ante el primer golpe, que una escalera se sube peldaño por peldaño. Parece increíble, ¿verdad?
Lo cierto es que Mateo me tiró un beso con su mano. Y mientras yo me quedaba perplejo ante su aplomo para aceptar los errores y aprender de ellos, se puso de puntas de pies, estiró su brazo, tomó el picaporte de la puerta y la abrió. Luego realizó el mismo trabajo, pero esta vez cerrándola. Y se fue.
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