sábado, 26 de abril de 2008

PEQUEÑAS LECCIONES

Acabo de ver como mi sobrino se deslizó por sobre el costado de mi cama cuando quería bajar de ella y se cayó al piso. A los golpes se aprende, dicen. Y él lo entendió a la perfección. Yo, primero, lo miré con cara de "Noooo, te hiciste pelota". Pero Mateo, calmo, tranquilo y con la parsimonia característica de los tipos que la tienen clara, se levantó, me miró y siguió camino.

Les podrá parecer mentira. Pero este gurrumín de tan sólo 1 año y 10 meses me acaba de dar una lección. Me hizo recordar, sin saberlo, que no hay que rendirse ante el primer golpe, que una escalera se sube peldaño por peldaño. Parece increíble, ¿verdad?

Lo cierto es que Mateo me tiró un beso con su mano. Y mientras yo me quedaba perplejo ante su aplomo para aceptar los errores y aprender de ellos, se puso de puntas de pies, estiró su brazo, tomó el picaporte de la puerta y la abrió. Luego realizó el mismo trabajo, pero esta vez cerrándola. Y se fue.

martes, 8 de abril de 2008

ORINADO POR UN ANIMAL


Yo no lo puedo creer. Estoy hecho pelota. Cada semana me pasa algo nuevo. Primero anduve mal del pie, después me contracturé en la zona del hombro y ahora un orzuelo hinchó mi ojo a más no poder. Creo que estoy meado por un elefante... Y sí, ¡no hay otra explicación!

sábado, 5 de abril de 2008

EJERCICIO MENTAL

Cuando doy vueltas por los grandes blogs de la red y observo la cantidad de visitas y firmas que tienen, me pregunto si alguien me leerá a mí. Es algo que nunca voy a poder saberlo con certeza. Ocurre que he decidido no instalar contadores ni agregar algún servicio de estadísticas gratis. Prefiero vivir, al menos en este proyecto (en otros lo hice, lo reconozco), manteniendo por siempre dicha incertidumbre.
Hoy no voy a contar alguna historia, ni sobrevolar por los conceptos que perforan día tras día mi cabeza. Quiero hablar de mí. Hace rato que quiero hacerlo y, supongo que por miedo, no me animo.
Últimamente tiendo a comparar mi vida con la de otros. Para mal y para bien. Me fijo qué tengo yo y cuántas de las cosas que tengo los otros morirían por tenerlas. Y luego doy un salto y me paro en la vereda de enfrente. Es decir: pienso qué cosas de los otros me gustaría tener. ¡Ojo! No hablo de envidia, sino de un análisis. Estudio de qué manera poder conseguir ciertas cosas que me gustarían.
Así es como me di cuenta de que no valoro muchas de las cosas que tengo. Desde lo laboral hasta lo sentimental. Observé que no son tantas las cosas que me gustarían tener de los demás, que estoy conforme con mi vida y con mi forma de ser.
Creo que dedicarme un tiempo para mí, para analizar mi cabeza y los pensamientos que rondan por ella, sirvió. Fue útil. Demasiado diría yo. Les recomiendo este ejercicio, creo que es sano y que todos, pero todos, van a llegar a la misma conclusión que yo. Prueben. Intentar no cuesta nada.