jueves, 28 de febrero de 2008

Nos tapó el agua

RAMOS MEJÍA. Imagen enviada al diario Clarín por un vecino cercano.

María Rosa, mi madre, estaba leyendo tranquila en la mañana de hoy. De pronto, sintió que algo se movía por debajo de sus pies. Corrió hacia mi pieza desesperada, la cual está ubicada justo al fondo de la vivienda. Yo, hasta el momento, no tenía idea de lo que estaba por suceder.

No recuerdo con exactitud el sueño en el que divagaba mi mente cuando mi mamá me despertó. Sólo sé que pronunció seis palabras que me cambiaron el día y me dispararon de la cama hacia el piso en un instante: "Juan, se está inundando la casa", dijo.

Cuando llegué al comedor pude confirmarlo. Estaba entrando el agua por todos los recovecos posibles, cual arroyo sureño en pleno desborde. "Despertá a Marga (mi hermana mayor)", exclamé. A partir de ese momento ideamos un plan de desagote. Hicimos lo que pudimos, bah. Desenpolvé las viejas compuertas que usábamos años atrás, cuando se inundaba en cada tormenta. El fantasma del agua parecía volver luego de más de una década.

"No sirven de nada estas cosas", intenté explicarle a mi familia. Hablaba de unas maderas antiguas que solíamos usar en estos casos. Ya de nada servían. El agua estaba llegando a mi pieza y no podía gastar mi tiempo en vanas soluciones.

Levantamos todas las cosas que había sobre el piso. Cables, zapatillas, veladores. Comenzamos a sacar el agua con secadores. Parecía que nunca terminaríamos de expulsarla. Pero lo logramos. Fueron dos horas de tensión, de angustia, de trabajo.

Ahora estoy acá. Sentado como siempre en la computadora, ya sin líquido entre mis pies. Sin palos con goma empujando charcos. Al menos baldeé "gratis" mi pieza. No tuve que darle plata a la empresa proveedora de agua para sacar la mugre. Mirar la mitad llena del vaso, le dicen.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

te dejo mis cariños ....besos ..!!

Vicky.!!!

Anónimo dijo...

Muy buena tu cronica Juan

Santi